Infantil
QUIÉN SOY
VARIOS AUTORES
(Calibroscopio - Buenos Aires)
Cabe festejar que el análisis de lo sucedido en la Argentina de los años 70 haya llegado a la literatura infantil. Por ejemplo, con Abuelas con identidad, de Ediciones Iamiqué. Y ahora, con Quién soy. Relatos sobre identidad, nietos y reencuentros, de Calibroscopio.
Como se expresa en la Introducción, los textos abordan las historias de cuatro “chicos que lograron conocer la verdad y repensar sus vidas”, y la de “una chica que logró hacerlo pero que aún le falta encontrar a su hermano mellizo”.
En Quién soy hay un verdadero seleccionado mayor de autores e ilustradores. Paula Bombara, Iris Rivera, Mario Méndez y María Teresa Andruetto; Pablo Bernasconi, Istvansch, Irene Singer y María Wernicke; bajo la idea, edición y coordinación de Judith Wilhelm, Walter Binder y Laura Giussani.
Bombara retrata el caso Claudio Novoa / Manuel Gonçalves desde la perspectiva de una niña de diez años (o sea, hija de nieto recuperado, nieta de desaparecidos, bisnieta de Abuela de Plaza de Mayo) y Singer le da continuidad al relato a través de la historieta. Rivera y Wernicke escriben e ilustran sobre Jimena Vicario, un espejo, como tantos otros, de la memoria emotiva, la experiencia como marca a fuego, la doble vida, la necesidad del Nunca Más.
María Teresa Andruetto habla acerca de dos hermanos dados en adopción a dos familias diferentes y vueltos a unir por las Abuelas, e Istvanch se asocia con la mixtura de figuras en papel, autos de juguete y muñecos. Mario Méndez expone el paradigmático caso Valenzuela-Negro (aquel que se reflejara en Recuerdos de la muerte de Miguel Bonasso) en formato de carta y acompañado por esa marca registrada que es la estética de Bernasconi.
A cada relato lo clausura un texto explicativo, donde los autores refieren los encuentros con los nietos y cómo se gestaron esos cuentos. Y en el Epílogo (“Ganas de saber más”), Paula Bombara, también hija de padre asesinado durante la dictadura, alienta por una continuidad en la búsqueda de la verdad y la justicia. Porque, está claro, lo que está en juego en estas historias -así sean leídas por un niño, un joven o un adulto- es nada más y nada menos que la identidad. La vida.
(C) LA GACETA
Hernán Carbonel